El 22 de octubre de 2026, el embajador de China en España, Yao Jing, publicó un artículo titulado «Avanzar hacia un equilibrio progresivo y un desarrollo sostenido de las relaciones económico-comerciales entre China y la UE» en el Periódico de España. El texto íntegro es el siguiente:

Los días 8 y 9 de octubre, el ministro de Comercio de China, Wang Wentao, y el comisario europeo de Comercio y Seguridad Económica, Maros Sefcovic, copresidieron en Beijing la segunda reunión del Mecanismo de Consulta sobre Comercio e Inversión entre China y la UE y emitieron una declaración conjunta. Tras dos días de intensas consultas, ambas partes alcanzaron 16 puntos de consenso sobre cuestiones como el equilibrio comercial y de inversión, los controles de exportación, los derechos de propiedad intelectual y la reforma de la Organización Mundial del Comercio (OMC); reafirmaron su compromiso de mantener unos vínculos comerciales estables y equilibrados en su calidad de importantes socios comerciales, y confirmaron que, de conformidad con las normas de la OMC, abordarán de manera equilibrada las divergencias y preocupaciones mutuas. También acordaron explorar nuevas vías de cooperación mutuamente beneficiosa e impulsar un equilibrio ascendente y un desarrollo continuo del comercio entre China y la UE.
Durante décadas, el volumen de los intercambios económico-comerciales entre China y la UE no ha dejado de crecer y las cadenas industriales y de suministro de ambas partes se han integrado profundamente. El volumen del comercio bilateral ha pasado de los 2.400 millones de dólares registrados en el momento del establecimiento de relaciones diplomáticas a los 828.100 millones de dólares en 2025, y los intereses comunes de ambas partes hace tiempo que han superado la simple compraventa de mercancías. Lograr un mayor equilibrio en una relación tan compleja e interdependiente constituye tanto una cuestión concreta que ambas partes deben abordar en la actualidad como un factor determinante para las futuras oportunidades de cooperación.
Para analizar el equilibrio comercial, es preciso ante todo comprender con precisión la balanza comercial. Por un lado, el comercio de mercancías es solo una parte de los intercambios económicos. Según las estadísticas, en 2025 la UE registró un superávit de 48.300 millones de dólares en el comercio de servicios con China, lo que representa el 41,6 % del déficit exterior chino en el comercio de servicios. Los intercambios de servicios, la inversión bidireccional y el valor generado por las empresas en sus operaciones locales también conforman los vínculos económico-comerciales entre China y la UE. Por otro lado, la balanza comercial de mercancías no refleja de manera completa la distribución real de los intereses económico-comerciales de ambas partes. El volumen del comercio bilateral entre China y la UE representa cerca de una cuarta parte del total mundial, y casi la mitad de esos intercambios corresponde a productos intermedios. Las empresas europeas adquieren productos semielaborados chinos de alta relación calidad-precio y, tras su procesamiento, producen bienes finales de alto valor añadido que venden en todo el mundo, configurando un esquema de distribución de beneficios en el que el superávit está en China y los beneficios en Europa. En última instancia, la esencia del comercio es el intercambio de lo que cada parte tiene en abundancia aprovechando sus respectivas ventajas comparativas, y un superávit o un déficit no constituye necesariamente un problema en sí mismo.
La parte china no elude las preocupaciones de la UE y de algunos de sus Estados miembros respecto a la balanza comercial y está dispuesta a resolver las divergencias con la parte europea mediante el diálogo y las consultas. Hay una pregunta que merece plantearse: ¿por qué se sigue ampliando la balanza comercial y de qué manera podría reducirse? En ello inciden factores como la estructura industrial, la competitividad de los productos y la demanda del mercado, pero también las condiciones de acceso a los mercado, las expectativas de las empresas y el impacto de las políticas industriales de ambas partes. Solo aclarando estos factores uno por uno se podrá evitar reducir un fenómeno económico complejo a la responsabilidad exclusiva de una de las partes y encontrar soluciones realmente eficaces.
La clave para avanzar hacia un equilibrio progresivo reside en ampliar las oportunidades de cooperación, no en reducir el espacio de mercado de ninguna de las partes. China cuenta con un mercado de enormes dimensiones, un sistema completo de apoyo industrial y una capacidad de innovación y aplicación en rápido desarrollo, mientras que Europa posee una amplia experiencia y conocimientos especializados en ámbitos como los equipos de alta gama, la fabricación de precisión, la medicina, la industria química y los servicios profesionales; sin embargo, el potencial de cooperación entre ambas partes no se traducirá automáticamente en una mejora de las relaciones económico-comerciales. La apertura progresiva de China y la mejora de las condiciones de acceso al mercado y de facilitación del comercio contribuyen a que las empresas europeas conviertan sus ventajas tecnológicas en pedidos reales; al mismo tiempo, Europa también puede, adoptando una visión más objetiva de la competitividad de las empresas chinas y mediante reglas estables, transparentes y previsibles, dejar espacio para que las empresas de ambas partes desarrollen con normalidad sus actividades. Solo si las empresas chinas y europeas pueden acceder a los mercados de la otra parte y obtener oportunidades de desarrollo se podrá generar, mediante la cooperación abierta y la competencia leal, una mayor capacidad de innovación y resiliencia industrial, logrando así un equilibrio comercial verdaderamente sostenible.
Impulsar un desarrollo sostenido de la cooperación implica atender las preocupaciones centrales de cada parte y evitar que el comercio bilateral se estanque o incluso retroceda. El hecho de que China y la UE mantengan puntos de vista diferentes en materia de política industrial, control de exportaciones, protección de la propiedad intelectual y sistemas regulatorios no significa que ambas partes no puedan cooperar. Lo fundamental es que la parte que plantea una preocupación explique el problema concreto y su impacto, y que la otra parte tenga también la oportunidad de explicar su posición y responder. En comparación con la adopción unilateral de medidas restrictivas, las consultas continuas contribuyen en mayor medida a esclarecer los hechos, reducir los errores de apreciación y disminuir los costes de incertidumbre que las empresas asumen por los cambios normativos. El control de exportaciones requiere especialmente un tratamiento prudente, ya que las medidas adoptadas pueden afectar no solo a las transacciones directas, sino también a los planes de producción y las decisiones de inversión de las empresas que forman parte de las cadena de suministro. Aclarar mediante el diálogo los requisitos normativos, el ámbito de aplicación de las medidas y las expectativas en materia de cumplimiento ayuda a las empresas a planificar racionalmente sus operaciones y favorece que ambas partes, salvaguardando sus respectivas preocupaciones legítimas, reduzcan el impacto innecesario sobre los intercambios económico-comerciales habituales.
La cooperación en materia de inversiones puede contribuir de forma concreta a estrechar las relaciones económico-comerciales. Hace unos días asistí en Zaragoza a la ceremonia de inicio de la producción en serie del modelo Leapmotor B10 en España. Al ver la alegría de los trabajadores de la planta cuando salió de la línea de montaje el primer vehículo, comprendí profundamente el valor de la cooperación económico-comercial y de inversión: mediante la circulación de tecnología y capital, se combina la competitividad tecnológica global con las capacidades industriales locales, la mano de obra y la demanda del mercado, aprovechando plenamente las ventajas industriales de los distintos países. Solo si la creación de valor se produce en mayor medida a nivel local y se vincula más estrechamente el desarrollo de las empresas con los intereses de las comunidades, la cooperación en materia de inversiones generará beneficios a largo plazo y profundizará y ampliará las relaciones económico-comerciales.
Europa cuenta con una larga tradición de defensa del libre comercio y ha desempeñado durante décadas un papel destacado en la promoción de una economía mundial abierta. Es normal que existan diferencias y competencias entre China y la UE, pero ambas partes pueden, sin duda, ampliar gradualmente sus intereses comunes mediante una mayor apertura de mercado, un diálogo más específico sobre sus políticas y una cooperación industrial más profunda. El sentido del Mecanismo de Consulta sobre Comercio e Inversión entre China y la UE radica precisamente como objetivo de proporcionar una base para seguir impulsando estas tareas concretas. Avanzar hacia un equilibrio progresivo permite resolver los problemas estructurales existentes; mientras que perseguir un desarrollo sostenido permite que las empresas y los pueblos de ambas partes sigan beneficiándose de ella.

